No hay más. Flores.
Siempre desierto
el viento arrasa las mesetas
volviéndolas llanura
y la llanura, abierta, herida
sin fondo
La calma del agua
nada arrastra consigo
ni piedras o ramas o juncos de la orilla
no hay sonido ni furia
ni la esperanza de los hielos
por derretirse en otra cordillera
Ya no el futuro color de las guayabas
los olivos al sol
el trigo las manzanas
Sí las hojas de plátano
barriendo los residuos
hasta que el filo de obsidiana
haga lo suyo.
María Inés Arce
febrero 2013
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